Tenemos el futuro de los demás en nuestras manos
Sentía como si tuviera un enorme volcán sobre el pecho, como si estuviera a punto de explotar. Era la presión de un kamikaze. Esa era la presión que sentía un terrorista suicida. La presión que indica un cambio inminente. La ansiedad que te dice que algo está llegando a su fin.
Decidí no hacer caso a mi mujer y pedirle al Dr. Cerne que le dijera la verdad al departamento de Recursos Humanos.
Cuando yo llegué a su oficina, yo pasé por delante del escritorio de su secretaria, la señora Massy. Ella no tiene ningún reparo en expulsar a estudiantes, empleados y guardias de cualquier oficina en la que trabaje. Pero en ese momento, yo lo olvidé todo. Ella intentó agarrarme del brazo, pero yo fui más rápido. Me moví alrededor de su escritorio para entrar en la oficina del Dr. Cerne. Al entrar en la oficina, yo le dije al Dr. Cerne:
-Tengo que hablar con usted sobre lo que vi el viernes pasado en el trabajo. Yo te vi.
Yo le habia comentando antes que la Senora Massy habia entrado en la oficina y estaba intentando que poner me fuera, hasta que el Dr. Cerne le dijo:
- —No, gracias, señora Massy, todo está bien. Yo debo hablar con él. Eso es mas importante. Por favor, cierra la puerta.
Antes de salir de la oficina del Dr. Cerne, ella me miró fijamente a los ojos y me dijo:
- —¡No te burles más de mí!
Entonces ella cerró la puerta y yo comencé a hablar con el Dr. Cerne:
-Yo te vi el viernes pasado. Yo te vi agarrar a la Mademoiselle Hart. Yo creo que tú deberías comunicárselo al departamento de Recursos Humanos.
El Dr. Cerne no estaba nervioso; él estaba sonriendo. Tenía una sonrisa en el rostro, como si supiera que yo lo había visto y que él tenía un plan para mí. Sus ojos brillaban, ardían de alegría como los de un dios oscuro, tenebroso. El respondio:
-Ves muchas cosas con tus ojos errantes, pero no es la primera vez que tus ojos se desvían.
Mi corazón sabía que mis ojos se negaban a ver. Yo pregunte:
- —¿De qué estás hablando?
- —Ya sabes —él dijo en voz baja—, ya lo conoces. La estudiante.
- —¿Qué estudiante?
- —¡No actúes como un idiota! No jugas pendejo! La estudiante con quien tuviste relaciones sexuales. Yo la conozco. Y yo tengo los mensajes de texto. Un consejo: no uses tu teléfono personal para este tipo de cosas.
Yo seguía negándolo:
- —Yo no sé de qué estás hablando. Yo no tenía relaciones sexuales con mis estudiantes.
-Yo no dije que ella era una de tus estudiantes. Yo tengo pruebas de tu infidelidad y te las voy a decir a ti, tu esposa. ¿Tu matrimonio es feliz? ¿Podrá sobrevivir a tus mentiras?
Yo estoy sentado en silencio. Permaneci en silencio. El continuo:
-Si tú le dices algo, cualquier cosa, al departamento de Recursos Humanos, tu matrimonio se acabó. Pero hay buenas noticias. ¿Dejaste de verla la semana pasada? Verdad? ¿Es correcto?
Yo no respondi.
- —Podrás volver a verla. Nada significa nada. Tenemos el futuro de los demás en nuestras manos.
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